martes, 26 de junio de 2012

Funny Games (Juegos Divertidos)

Año: 1997.

Dirección: Michael Haneke.

Intérpretes: Susanne Lothar, Ulrich Mühe, Arno Frisch, Frank Giering, Stefan Clapczynski.

Sinopsis
La familia formada por Anna (personaje de Susanne Lothar), Georg (Ulrich Mühe) y su hijo Georgie (a quien da vida Stefan Clapczynski) se desplaza a su casa del lago para pasar allí un periodo vacacional y disfrutar de la tranquilidad y la soledad que ese paraje les proporciona.

Sus vecinos y amigos, con los que suelen jugar al golf,  han llegado con anterioridad y han venido acompañados, en esta ocasión, de dos jóvenes  (personajes interpretados por Arno Frisch y Frank Giering), curiosamente vestidos y cuyos finos y educados modales esconden una violenta forma de pensar y divertirse.

Crítica
Funny Games = Violent Games.

El reposo obligado nos tiene disfrutando de algunas cintas que tenemos apiladas en la estantería ubicada justo encima de la televisión y fue ya hace unos días cuando  decidimos pasar un rato en compañía del señor Haneke, triunfador recientemente en algunos festivales cinematográficos de prestigio con su último título.

Recordamos que hace unos años se hizo una versión americana del presente film, del cual pudimos ver algunos fotogramas, sin rendirle demasiada pleitesía. Así que, en esta ocasión, teniendo en nuestras manos la cinta original, ¡qué buena ocasión para darle una oportunidad!

Michael Haneke da forma a una película tremendamente provocativa, violenta y radical, que te tiene enganchado a la pantalla en todo momento. Es verdad, como decimos, que es violenta, pero al igual que en aquella Naranja Mecánica de Kubrick, la fuerza de las imágenes y cierta dosis de incredulidad ante lo visto, sirven de elemento de atracción, para algunos incluso de fascinación. Ambas obras son comparables en cuanto a temática y a violencia, pero con diferencias notables en cuanto a formas. En esta ocasión la simplicidad con la que se exponen los juegos desgarrados y despiadados de ambos jóvenes es fríamente macabra. Desde la normalidad y la aparente educación y buenas maneras, dos jóvenes son capaces de colarse en tu casa y sembrar el más profundo de los pánicos y terrores, sin pestañear y sin remordimiento alguno. Pudiéndote quitar todo, hasta lo más íntimo y propio: tu dignidad, tu intimidad, tu mismísimo ser. Una violencia enfermiza planteada como un juego, como el juego demente, pero tratado desde una aparente amabilidad y simplicidad. Si lo pensamos por un momento, ¡cuan fácil es hacer el mal!, ¿no creen?

Después de verla, ¿quién no temerá pasar unas vacaciones en la soledad de una casa de campo? ¿quién le abrirá la puerta a un extraño?¿quién confiará en las apariencias y en las buenas formas?... Nosotros no lo tenemos tan claro; siembra la semilla (y la hace brotar) de la intranquilidad, la impaciencia, la desconfianza.

Esos elementos atractivos, e incluso admirados por la crítica, hacen que la película nos haya aportado cosas y cosas buenas, pero también destacamos algunos aspectos que no nos acaban de satisfacer. Tiene un halo de frescura, tratado siempre desde la lucidez de Haneke, pero nosotros, desde nuestra ignorancia, habríamos omitido ciertos elementos de violencia tan explícita. Si bien es verdad, que debe tenerlos, hay "cosillas" que se debían haber "aligerado". Puede parecer un poco contradictorio lo que decimos y quizá no lo sepamos expresar, pero la idea es que violenta ha de ser, pero en ocasiones no tan explícita. Eso sí, para los que no la hayan visto, no se crean que hay excesivos palos o sangre o escenas "repulsivas". No, no es eso, ya que como hemos dicho, lo que la hace más dura y fría es su simplicidad, pero algún elemento (y no desvelo más) debería haberse suavizado. Sería  un pequeño arreglo dentro de una gran virtud.

Es también una clase maestra sobre el control, sobre quien lo posee y sobre cómo uno mismo, resguardado en la idea de que vive y mantiene el poder sobre su vida, éste te puede ser arrebatado en cualquier momento. En el momento en el que menos lo sospeches. En el film, es el personaje de Arno Frisch quien tiene ese control, de hecho su personaje es el control, el poder. Su aparente lucidez y templanza le da el mando e incluso la capacidad de interactuar con el espectador a modo de exposición de los hechos, de hacernos cómplices de lo que está pasando. Como si fuese él quien nos estuviese mostrando lo que ocurre y cómo lo puede manejar a su antojo. Como si fuese una ponencia sobre la facilidad para causar daño, la facilidad con la que se siembra el mal. No obstante y sin necesidad de spoiler alguno, ese control, esa capacidad de dirigir la exposición por donde él quiere, le concede también la capacidad de modificación de los hechos, cosa que no nos ha gustado; en un momento del film, se le dota de la capacidad de cambio, ¿?, eso no nos ha gustado nada. Incluso, en otro momento, se le confiere o se le dota del don de la suerte, de la casualidad... o, ¿es también control?

Muy destacable también el cuarteto protagonista. Creíble, preciso, con las miradas y los gestos justos y precisos para transmitir sin necesidad de sobreactuar. Frialdad de ojos y labios que congela y te toca, te llega.

Es un tipo de cine que provoca, ya sea acercándote o alejándote, pero lo que está claro es que despierta algo en los espectadores, transmite y eso, señores, eso tiene que ser el cine. Algo que transmita, entretenga y divierta. Júzguenla ustedes mismos: o te aproximas a ella o la detestas. Nosotros, de mente científica, nos situamos en la solución de compromiso entre ambos extremos.

Nota general: 5,0 sobre 10.

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viernes, 22 de junio de 2012

The Change-Up (El cambiazo)

Año: 2011.

Dirección: David Dobkin.

Intérpretes: Jason Bateman, Ryan Reynolds, Olivia Wilde, Alan Arkin.

Sinopsis
Mitch (personaje interpretado por Ryan Reynolds) y Dave (al que da vida Jason Bateman) son dos muy buenos amigos desde la adolescencia, no obstante las responsabilidades personales y profesionales hacen que cada vez se vean menos.

Dave está casado y tiene tres hijos, además de estar entregado a su vida laboral, como un prometedor abogado cuya carrera no tiene techo. Por contra, Mitch sigue soltero y sin ataduras. Trabaja esporádicamente como actor y es bastante inmaduro.

Tras quedar para ver un partido de béisbol y tomar unas copas, se realizan las confesiones (no del todo ciertas) de que cada uno envidia la vida del otro. Curiosamente, al día siguiente, cuando despiertan, se han intercambiado sus vidas, lo que les llevará a apreciar lo que tienen y lo que realmente piensan uno del otro. Las sorpresas están servidas.

Crítica
El aburrimiento y la falta de movilidad nos lleva a devorar cualquier cosa que nos cae en las manos..., sí han leído bien: cualquier cosa. En caso contrario no creemos que nos hubiésemos enfrentado a tal producto.

Es una de esas típicas comedias americanas falta de contenido y cuya única misión es el relleno de la cartelera, a la cual se acercará el público fiel de estos productos vacíos de contenido y cuyo único atractivo es el plantel de actores que la protagonizan.

Ese guión escaso de originalidad y totalmente previsible, se ve además empeorado (si cabe) con algún matiz sexista poco oportuno, buscando el afianzamiento de la amistad masculina. Demasiado tópico, vacío y muy pobre. Si tenía algún ansia por ser transgresora, tremendo fracaso.

Lo único que rellena la pantalla es el cartel de actores, sobre todo el trío formado por Bateman, Reynolds y Wilde (a la que pudimos disfrutar durante un tiempo en la serie televisiva House), la cual es utilizada como mero objeto de deseo y cuya belleza y atractivo se explota en exceso, algo que deja un "tufo" algo denigrante y también penoso. Típico en este tipo de comedias. Suponemos que los dólares justifican muchas cosas.

Su único mérito es la falta de pretensiones, lo que es propio de estas cintas, las cuales buscan satisfacer un sólo objetivo: entretener arrancando unas risas al espectador. En este caso no lo consiguen, a lo que sumamos la escasa calidad de la película en general. Por tanto suspenso estrepitoso.

Ni tenemos ganas, ni material para entretenernos mucho más. Así que el rellenar por rellenar no es nuestro fuerte. Consejo: por favor, deséchenla. Me lo agradecerán, al igual que harán que, por una vez, hayamos sido breves.

Nota general: 1,5 sobre 10.

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jueves, 14 de junio de 2012

Antichrist

Año: 2009.

Dirección: Lars von Trier.

Intérpretes: Willem Dafoe, Charlotte Gainsbourg.

Sinopsis
El matrimonio formado por los personajes de Willem Dafoe y Charlotte Gainsbourg sufre la terrible pérdida de su hijo por un accidente doméstico. Ella, sumida en una profunda tristeza-depresión, es hospitalizada para ser tratada. Su marido, psicólogo de profesión, decide sacarla del hospital y tratarla él mismo, pese a la reticencia profesional de que el terapeuta nunca se debe involucrar personalmente. 

Para superar sus miedos deciden trasladarse a la cabaña del bosque en la que ella pasó el último verano con su niño, preparando una tesis doctoral sobre la mujer, la violencia y su naturaleza. Allí se dará rienda suelta a todo el miedo, al sentimiento de culpa y a la propia naturaleza humana.

Crítica
Bueno llegó su hora. Bueno llegó nuestra hora. Hace mucho tiempo que la tenemos en el fondo del cajón y hasta hoy no hemos tenido la suficiente valentía para enfrentarnos a ella.

Simple y llanamente, si había algo que entender, no lo hemos hecho. Poco más podríamos decir. Casi podría sobrar todo lo que se dijese a continuación, pero bueno, a ello que vamos.

No vamos a poner en duda la creatividad, la originalidad, la inteligencia, la imaginación y el ingenio del director Lars von Trier. Pero señores, desde la ignorancia y la sinceridad, a esta película no le vemos fundamento, ni consistencia, ni coherencia. Insistimos, no la entendemos.

Una historia densa, compleja, con mucha masa, tanta que se nos echa encima y nos aplasta. Nos cae como un ladrillo en la cabeza, en el alma. Trata de ahondar en la naturaleza, en la maldad, en las profundidades de la culpa, en la oscuridad de la depresión poniendo de manifiesto y al descubierto todos sus síntomas: la ansiedad, el daño (propio y ajeno), el rencor, la violencia, la justificación, el sentimiento de culpa, la lesión, el placer desbocado, la mutilación, el pánico, el terror...

Pese a montar la historia en cuatro capítulos con su prólogo y su epílogo, un cierto caos ordenado gobierna toda la cinta y a los espectadores profanos y poco doctos como nosotros, se nos hace dura, densa, enrevesada, violenta, cruel.... y todo ello nos conduce a no entenderla y por tanto a no poder justificarla.

Elementos de mérito tiene, desde luego. Y también los vamos a mencionar. El guión, aunque ampliamente incomprensible e injustificable, va in crescendo, crece poco a poco y no nos digan muy bien porqué, nos mantiene ahí, pegados a la pantalla, expectantes. Visualmente bien ejecutada (algunos premios de fotografía obtuvo) y con un prólogo que es una delicia en ese aspecto. Buena en lo visual, aunque se expongan en ella imágenes excesivamente duras (en lo sexual y en lo violento), transgresoras, grotescas y desagradables. A nuestro juicio algunas de ellas sobraban o no debían ser tan explícitas.

Es un Lars von Trier reconocible y con su firma impresa a fuego, pero en este caso  posiblemente exacerbado, dando forma a una cinta concebida posiblemente bajo los efectos de demasiado tetrahidrocanabinol y sumido en un profundo abismo depresivo y de autodestrucción, o al menos eso nos sugiere.

No se la puede tachar de pretenciosa, porque no creemos que lo sea. Simple y llanamente el director y guionista ha tratado de llevar a la pantalla sus propios delirios, aunque éstos no tuvieran ni pies ni cabeza (delirios son y no los necesitan), permitiéndose para ello transgredir y emplear todo tipo de imágenes, por mucho que estuviesen cargadas de violencia, de dureza y de sangre. Ni siquiera pretende ser provocadora, simplemente la dureza es un recurso para describir ese mundo patas arriba que se quería contar.

Pese a lo claustrofóbico de los espacios (por momentos) y de las personas (todo el peso recae en sus dos únicos protagonistas), el trabajo de Willem Dafoe y Charlotte Gainsbourg es brillante y desde luego que no era nada fácil. Los desafíos a los que se somete el señor Dafoe son admirables y los retos que asume nada fáciles. Los supera y siempre bien, y eso es de alabar. Cuanto más convencionales son los papeles a los que se enfrenta, peor lo hace. Lo suyo es lo arriesgado, lo prohibido, lo transgresor, lo que casi nadie se atreve a hacer...y eso él siempre lo hace bien, sin importarle la carga física, sexual o provocadora que el papel conlleve. Charlotte Gainsbourg da forma a un personaje también difícil y complejo, quizá peque de plano en algunos momentos, pero la verdad es que consigue redondear una de sus mejores interpretaciones, si no la mejor, lo que le valió algunos premios.

Es una cinta no apta para todos los públicos, claro que no. Encontrará reductos en los que se la idolatrará, y la inmensa mayoría la aborrecerá, porque muchos, entre ellos nosotros, ni la entenderemos ni la hemos entendido, por mucho que algún entendido nos la explique (que creo que será incapaz) o nos la justifique (esto otro muchos lo harán).

Difícil y compleja. Transgresora y violenta. Alejada de la realidad y navegando en la nebulosa de un mundo irreal, denso e impracticable. Por contra presenta grandes interpretaciones, visualmente está bien ejecutada y   aunque no lo parezca, por todo lo que hemos dicho, ha conseguido mantenernos atentos hasta el final... Eso sí, tras ese mismo final, nos hemos preguntado, ¿esto qué es?, ¿qué es lo que acabo de ver?, ¿eran necesarias todas esas imágenes violentas?, ¿qué significa?.... Quizá sea ese el problema; nos preguntamos demasiadas cosas y eso que nos consideramos simples (porque lo somos).

Nota general: 3,0 sobre 10.

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