viernes, 7 de marzo de 2014

Philomena

Año: 2013.

Dirección: Stephen Frears.

Intérpretes: Judi Dench, Steve Coogan.

Sinopsis
Bio-pic sobre la vida de Philomena Lee (personaje interpretado por Judi Dench), a quien las monjas de un convento irlandés le arrebataron a su hijo. La historia se recoge en un libro escrito por Martin Sixsmith, un periodista a quien aquí pone rostro Steve Coogan, quien junto a Jeff Pope han dado forma al guión de esta cinta.

Philomena se quedó embarazada cuando era una adolescente y sus padres, avergonzados, la internan en un convento donde da a luz a un niño. Las hermanas católicas que lo regentaban obligarán a Philomena a dar en adopción al pequeño. Cincuenta años más tarde se decide a buscarlo, para lo cual contará con la ayuda del periodista Martin Sixsmith, quien acaba de ser destituido de su puesto como corresponsal de una importante cadena mediática y se interesa por lo que él mismo denomina una historia periodística de interés humano.

Crítica
Nos acercamos en este pequeño viaje cinematográfico a la última propuesta de Stephen Frears, director británico que si bien no acaba de encandilarnos, le reconocemos algunos buenos trabajos (a nuestro entendimiento), sobre todo en aquellas ya lejanas Mi Hermosa Lavandería o Alta Fidelidad. En esta ocasión nos trae un nuevo bio-pic femenino, como ya hiciese recientemente con la vida de la reina de Inglaterra en The Queen. Otro proyecto con personaje real de fondo en el que parece haberse involucrado, es en el que relata la vida, el éxito y la caída del ciclista norteamericano Lance Armstrong, famoso por sus proezas sobre la bici y por su irregular uso de fármacos y sustancias dopantes, buscando aumentar su rendimiento deportivo.

Es éste un bio-pic al uso, en el que la protagonista real parece haber estado muy involucrada (recientemente la hemos visto como invitada en la última gala de los Oscar, donde la película tenía alguna candidatura, incluida la de Judi Dench como mejor actriz principal). En él se nos acerca a la dolorosa situación traumática que vivieron multitud de jóvenes irlandesas a quienes les fueron arrebatados sus bebés, por distintas instituciones religiosas, y vendidos a familias estadounidenses, quienes los adoptaban a cambio de dinero. Tristemente es ésta una situación que nos resulta (y resultará en muchos lugares del mundo) muy familiar en España, donde de un tiempo a esta parte están aflorando miles de casos de niños robados y vendidos en distintos hospitales e instituciones. ¡Porca miseria! No podemos dejar de estremecernos y la sensación de angustia y congoja nos invade. ¿Existe algo más doloroso que "arrancarle" un hijo a su madre? Nos cuesta pensar que haya algo peor... Bueno, tampoco nos queremos encender ni extender maldiciendo a instituciones y personas (religiosas o no, pero en los religiosos nos parece aún más sangrante), que no merecen más que un inmenso conjunto de adjetivos calificativos deplorables. Simplemente decirles a ustedes, nuestros lectores, que no pierdan de vista lo que se está mostrando y por tanto denunciando, no lo olviden. En ese sentido es cine social, cine denuncia y cine popular; para ello se ciñe a un formato excesivamente clásico y peca de populista.

La película es un drama donde Frears pone en práctica sus cualidades como realizador, ejecutándola de una forma bastante redonda y sin abusar de metraje. Es uno de esos productos que agradarán al gran público, sabiendo combinar el drama mostrado con alícuotas de comedia, buscando así las risas de un espectador que si bien está inmerso en la amargura e inquietud de la protagonista, tendrá en estos gags el vehículo necesario para sentirse cómodo y no sufrir en exceso. Sin embargo, la carga sentimental puede provocar alguna que otra lágrima de una forma bastante fácil, lo que nunca nos acaba de gustar.

Todo el peso de la cinta recae en sus dos protagonistas, los personajes de Dench y Coogan, que conforman una "extraña" pareja, procedentes los dos de mundos distintos y con intereses dispares en la historia (la búsqueda del hijo de Philomena). Sus mundos y sus intereses acaban convergiendo a la par que avanza la película, acortándose las distancias que les separan. Judi Dench da forma a un personaje lleno de humanidad y entrañable, al que coges cariño desde el primer fotograma en el que aparece; una mezcla de bondad, ternura, amabilidad y madura inocencia que te cautiva y que nos hace recordar a nuestra amada madre o a nuestras entrañables abuelas y bis-abuelas. Es inevitable. Por su parte, Steve Coogan cumple sobradamente su cometido y representa el contrapunto perfecto al personaje de Dench; periodista un tanto petulante y pretencioso, algo egocéntrico, escéptico y agnóstico, tan diferente a la propia Philomena, y que lo único que persigue, en principio, es una importante historia que le devuelva a la cima del panorama periodístico. Esos mundos acaban por encontrarse y por rendirse el uno ante el otro, y viceversa.

El melodrama tiene algunos cambios de ritmo difíciles de entender y que aunque trate de barnizar el áspero trauma que nos está narrando con buenas dosis de diversión, te encamina al lagrimeo y, por tanto, al innecesario juego con los sentimientos del espectador.

Como conclusión, creemos que gustará al gran público, sobre todo al de mayor edad; de eso no nos cabe duda. Apela en exceso al sentimentalismo y tiene cierto aroma a cine de otro tiempo, lo que... bueno, decidan ustedes cuando la vean.

Nota general: 5,0 sobre 10.

Tráiler

miércoles, 5 de marzo de 2014

Nebraska

Año: 2013.

Dirección: Alexander Payne.

Intérpretes: Bruce Dern, Will Forte, June Squibb, Stacy Keach, Bob Odenkirk.

Sinopsis
Woody Grant (personaje interpretado por Bruce Dern) es un anciano con síntomas de enfermedad mental propios de su avanzada edad, que cree haber ganado un millón de dólares. Para recibirlo tiene que llegar hasta Lincoln, Nebraska, para lo que no duda en intentar hacerlo caminando, una y otra vez, hasta que su hijo David (personaje interpretado por Will Forte) accede a llevarlo. Durante el viaje la relación entre padre e hijo se irá modificando, alejándose de la frialdad inicial, a la vez que empiezan a aflorar intereses de familiares y amigos, ante la supuesta fortuna de Woody.

Crítica
Hace unas semanas llegó a la cartelera española la última película de Alexander Payne, director americano realizador de recientes éxitos como The Descendants y Sideways. Así que desde CDI hemos pensado que este film sería un buen compañero para pasar una agradable mañana de cine. Además de los antecedentes del director y del gran número de candidaturas y premios que la cinta ha aglutinado, las buenas palabras de algunos amigos (cinéfilos todos y con mucho más criterio que el nuestro) nos han empujado aún más hacia ella.

Nuestras primeras sensaciones van muy ligadas a adjetivos positivos tales como normal, real, dulce, tierna, encantadora, agradable, sincera, emotiva, artística, delicada, cuidada, cautivadora y divertida. Sí, divertida. Porque en ese aparente frío drama, brillan con luz propia los elementos de comedia y los ingeniosos y agudos "gags", la mayor parte de ellos alrededor de una gran June Squibb (nominación al Oscar incluida, no premio). Pero también revolotean en nuestra cabeza los adjetivos lenta y monótona.

El inteligente guión de Bob Nelson construye una historia de personajes rutinarios tan llenos de defectos como la vida misma, la cual ha sido recogida notablemente en unos bellos fotogramas que dan formato a un relato muy real; tan próximo al espectador que te parece estar viviendo dentro de ella. Desde esta tribuna estamos convencidos de que esa hermosura estética se debe en gran medida al haberse rodado en blanco y negro y a su cuidada fotografía, elementos que provocan que "la cinta luzca", pese a la falta de color. Le aportan algo que la hacen tierna y entrañable, sirviendo además de vehículo descriptivo perfecto de la frialdad del entorno, cual brillante metáfora de las relaciones personales establecidas entre padre e hijo (incluso entre todos los muy bien escogidos y seleccionado personajes). Distancias que se van acortando y van tomando luz, calor y color, conforme ese viejo cascarrabias se va abriendo y conforme su hijo va conociendo más sobre el pasado de su padre.

Entre los grandes aciertos de la película destacamos a todo el plantel de actores, donde se nota la minuciosa selección llevada a cabo para escogerlos y para que den vida a estos brillantes e imperfectos hombres y mujeres de la vida cotidiana. Un buen trabajo de todos ellos, destacando los dos actores principales: Bruce Dern, a quien sin duda se le ha dado el mejor papel de su carrera y lo ha sabido interpretar, demostrando lo buen actor que es (quizá consiga superar ese lastre que le ha acompañado siempre de haber matado a John Wayne en la gran pantalla), y un sorprendente Will Forte, que se mete en el papel de ese joven entre los treinta y los cuarenta, que huye de todo compromiso y a quien lo cotidiano le atrapa. No obstante, por encima de todos se encuentra una más que notable June Squibb, causante de los momentos más divertidos de la cinta y de la que rescatamos un cuasi-monólogo en el cementerio, rebosante de comedia.

Entre lo peor cabe mencionar el hecho de que quizá se extienda más de lo necesario, pudiéndole así sobrar algunas escenas y algunos minutos, y que su ritmo sea un poco plano (sin embargo, necesario, a nuestro juicio). Esa lentitud se le puede atragantar al gran público y puede que aleje a un determinado tipo de espectador, amante de emociones más fuertes y elementos cinematográficos que le proporcionen de una evasión, más que de una inmersión en lo cotidiano; aquello de lo cual están buscando huir.

Estamos ante un notable ejercicio de divertida realidad, de elevada calidad artística y muy cuidado, que se ve acompañado de una acertadísima banda sonora original. A nuestro nublado y sin criterio juicio, la película en apariencia más sencilla de Alexander Payne, y la mejor.

Nota general: 7,0 sobre 10.

Tráiler

sábado, 1 de marzo de 2014

Dallas Buyers Club

Año: 2013.

Dirección: Jean-Marc Vallée.

Intérpretes: Matthew McConaughey, Jennifer Garner, Jared Leto, Steve Zahn.

Sinopsis
Película que gira alrededor de la historia real de Ron Woodroof (personaje interpretado por  Matthew McConaughey).

Ron es una tejano aficionado al rodeo con unos cuantos vicios encima, bebedor, mujeriego y algo drogadicto, que tras un ingreso en el hospital, es diagnosticado como enfermo de SIDA.

Es el año 1986 y entorno a los portadores del virus VIH y de la enfermedad existe mucho desconocimiento y mucha controversia, asignándosele sin criterio a personas homosexuales o con conductas "no convencionales", por lo que estos enfermos sufren un gran asilamiento social y mucha incomprensión. Por esos años, las farmaceúticas empiezan a probar con distintos fármacos, como el AZT, buscando la aprobación por parte de la FDA (Food and Drugs Administration -Agencia estadounidense que se encarga de la regulación de alimentos y medicamentos-). Poco se sabe de los efectos secundarios y las dosis a administrar, por lo que Ron, al que se le ha dado un tiempo limitado de vida, decide luchar contra la enfermedad, las farmacéuticas y la FDA, probando complejos vitamínicos y peptídicos, no aprobados en EEUU, con la ayuda de un doctor que ejerce en México. Estudiará la enfermedad y las opciones disponibles, junto con sus efectos, y así ante la mejora obtenida, decide poner en marcha el Dallas Buyers Club, distribuyendo estas sustancias entre los enfermos de SIDA. En esta labor se asociará y contará con la ayuda de  Rayon, un joven homosexual a quien su familia no acepta, interpretado de forma brillante por Jared Leto.

Crítica
Desde CDI teníamos muchas ganas de que llegase a nuestras pantallas esta cinta, de la cual habíamos leído mucho y bien. El trabajo de Matthew McConaughey dando vida a Ron Woodroof viene siendo alabado en los últimos meses con multitud de buenas palabras y una gran cantidad de premios, por lo que las expectativas eran máximas. Para esta labor, Matthew McConaughey no ha dudado en llevar a cabo una espectacular transformación física, cuyos resultados no hay más que verlos en las fotografías aquí recogidas, donde ustedes pueden juzgar el parecido con el personaje real que Matthew ha llegado a conseguir. Junto a él, completan el plantel de actores Jared Leto, cuya interpretación también ha aglutinado elogios y premios, y Jennifer Garner. Pues ya les adelantamos que, tanto en el caso de Matthew como en el de Jared, todos esos galardones y menciones son merecedos. Muy merecidos. Merecidísimos.

Alguna vez nos hemos enfrentado al debate sobre si una buena o buenísima interpretación justificaba por sí sola una película, y estamos ante la respuesta. Y no porque la película no tenga nada más, que lo tiene, tal y como detallaremos a continuación, es que simplemente el hecho de poder disfrutar de las brillantísimas interpretaciones de Matthew McConaughey y Jared Leto justifica sobradamente el acercarse al cine, pagar la entrada y sentarse en la butaca a disfrutar.

La cinta no es un bio-pic al uso. Tratándose de la difícil situación de una persona que realmente existió, su puesta en escena ni busca la compasión ni ser lastimero, lo que sin duda sería un error, a la par que un innecesario castigo para el espectador. La película no pretende jugar con nuestros sentimientos, salvo quizá en el tramo final. Sólo quizá. La exposición de la cruda realidad sin recurrir a recursos lacrimosos se construye desde la honestidad y la proximidad a los personajes. A partir del minuto veinte, el espectador siente la problemática del personaje como suya, y se encuentra en la necesidad de luchar junto a él. Es tremendamente próxima, lo que sin duda es un mérito de los actores protagonistas. Imposible no sentirse cercano al Ron Woodroof de Matthew McConaughey. Se podrán custodiar sus formas y su código de conducta, pero esta especie de "anti-héroe" está luchando por algo que, en el fondo, todos consideramos justo, tal y como le reconoce el juez de la corte de San Francisco en el tramo final de la cinta.

Estamos ante un proyecto pleno de realismo y realidad, sobre todo porque es sincero y honesto. Alguna pequeña pega concreta le pondríamos; algún momento donde puede jugar con nuestros sentimientos, si bien creemos que no es nada deliberado y se trata únicamente de un hecho puntual y una licencia perdonable.

Lo mejor, lo principal y quien "se guisa y se come" la cinta es Matthew McConaughey. Ese otrora individuo metido a playboy de juventud, se ha convertido ahora en un brillante actor, hecho que desde aquí empezamos a darnos cuenta tras el visionado de The Lincoln Lawyer. Pensamos que se ha convertido en el actor del año, gracias a tres excelentes trabajos por su parte, muy distintos entre sí: en el aquí descrito, en Mud y en aquellas gotitas excelsas que nos brindó en The Wolf of Wall Street.

En este caso McConaughey ejecuta una interpretación dura, versátil, hostil y sin dudar para ello en someterse una transformación física espectacular, al igual que lo hace su aquí compañero de reparto Jared Leto. Ese "guapo" actor, al que estamos acostumbrados a ver cantando en Thirty Seconds To Mars y en anuncios de colonia (elemento que también tiene común con su compañero de reparto, también guapo y también reclamo de primeras marcas de colonia), no se prodiga en gran número de papeles cinematográficos, pero los selecciona y los ejecuta a la perfección. Si McConaughey consigue concretar un personaje nada plano, que crece y sufre transformaciones a lo largo del metraje, pese a sus reticencias morales y prejuicios iniciales (no sólo por la enfermedad), Leto le da el complejo y completo contrapunto de ser lo que siempre ha querido ser, pese a lo que y a quien deje por el camino. El éxito de la cinta, es el éxito de sus interpretaciones cuyo "milagro" radica en el compromiso que ambos tienen con sus personajes, ofreciendo un retrato "real", pleno de verdad.

Como se puede apreciar, las expectativas iniciales se han visto correspondidas con las sensaciones que hemos tenido tras su visionado, por lo que no podemos hacer otra cosa que recomendársela, sin dudarlo ni un sólo segundo.

Nota general: 7,5 sobre 10.

Tráiler
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